NINA ADRIANA ALBAÑIL

 
Un 25 de abril nació en Bogotá, Colombia, mi muy estimada y responsable estrella🌟… Nina Adriana Albañil Arévalo, docente titular de segundo grado y docente de formación humana en tercero y séptimo grados, de Mano Amiga Zipaquirá.

Hija de Luis Hernando Albañil y Sofía Arévalo. Tiene un hermano muy querido y especial, Giovanni, con quien le encantaba jugar, cuando eran pequeño, a la profesora, saltar lazo, frisby, yermis, a la azafata o en ocasiones a ser policía.

La madre de Adriana falleció cuando ella tenía apenas siete años. Su padre se puso muy mal y decidió quedarse con su hermanito de cuatro años y enviarla a Villavicencio a casa de su abuelita paterna, quien la acogió con cariño y prácticamente la crió con gran esfuerzo, trabajo y dedicación, en medio de muchas necesidades.

Adriana terminó su infancia aprendiendo a cocinar y a ser responsable de su estudio y quehaceres de la casa. Al llegar a la adolescencia, su abuela tuvo que trasladarse a Zipaquirá por salud, ya que el clima de tierra caliente le estaba afectando.

En Zipaquirá comenzó una nueva etapa de su vida. Quería entrar a estudiar al Instituto Técnico Industrial, presentó el examen de admisión y quedó en primer puesto por su puntaje. Estaba feliz, pero su abuela le dijo que no tenía dinero para comprar todo lo que necesitaría. La única opción era entrar a la Normal departamental Mixta de Cundinamarca, Zipaquirá, y además tenía el uniforme de una tía que le quedaba bien😊. Fue así como empezó a enfocar la sensación de querer ser docente, ya que las prácticas se iniciaban desde el grado octavo de bachillerato, y de esta manera, se fue apasionando por ser maestra.

Llegó el momento esperado, el enfrentarse ante un grupo de estudiantes de grado cuarto para hacer su práctica docente. Al iniciar la clase siguió las instrucciones de su maestra de pedagogía, quien les daba el protocolo o la secuencia didáctica para dar la clase. A pesar de seguirla, tenía un mar de sensaciones encontradas, como de alegría, susto, emociones que le hacían sudar, anhelaba que se terminara ese día de clase. Pero a pesar de todo, le tocó un curso muy obediente y educado, le fue muy bien en su clase y la maestra de práctica docente la felicitó. Esto la hizo creer más en sí misma y en el querer verdaderamente ser maestra. 

Aunque siguieron las dificultades económicas para realizar todo lo que exigían sus prácticas docentes, asegura Adriana que… “siempre se le presentan a uno ángeles”. En este caso, se trataba de su madrina de confirmación, quien con frecuencia le preguntaba: “¿qué necesita ahijada?” y le colaboraba para comprar papel, pegamento, cartulina, madera y muchas cosas más que requería para dar sus clases. Y con grandes esfuerzos logró graduarse como normalista pedagógica.

En ese entonces conoció a un chico guapo, estudioso y caballeroso, Esdy Eduardo, con quien inició un noviazgo. Él había salido del instituto técnico industrial al cual Adriana había anhelado entrar, pero por coincidencias de la vida, se encontraron.

Inicio la lucha para presentar su hoja de vida en diferentes instituciones educativas, tanto oficiales como privadas, pero hubo rechazo porque no tenía experiencia.

Después de cuatro meses de estar buscando trabajo, le dieron la oportunidad de hacer una licencia de maternidad en un colegio privado, el cual recuerda con mucho cariño, porque le abrieron las puertas para ejercer su profesión. Allí estuvo durante cinco años, con los pequeñines de preescolar, desde pre-jardín hasta transición.  

Cada niño aportó mucho en su experiencia pedagógica y aprendió a amar aún más su profesión. 

Después de siete años de noviazgo, llegó el tan esperado momento, decidieron formar un hogar y se casaron el 30 de diciembre de 1995. Van a cumplir 25 años de casados, con dos hermosos frutos de ese amor, sus hijas, a quienes aman con todo su corazón: Jancy Vanessa, que terminó este año la universidad, con el título profesional en Diseño Gráfico y Karen, que está cursando grado décimo en el colegio de la Presentación.

Su esposo es profesional en Salud Ocupacional y está terminando una Maestría en la universidad Militar de Colombia, en Gerencia de Proyectos. Trabaja en una multinacional que les ha aportado gran ayuda para que ambos terminen sus carreras universitarias. 

Adriana realizó su licenciatura en Básica Primaria con énfasis en Humanidades y Matemáticas, en la universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia; luego hizo una especialización en Gerencia Educativa y al igual que su esposo, ha realizado algunos diplomados, que en su caso, aportan mucho a su labor como docente.



Aparte de los cinco años que trabajó en el primer colegio, trabajó durante once años en el colegio San Ignacio de Loyola, como docente de primaria, dando español, matemáticas, ciencias y tecnología. Se le presentó una dificultad de salud, y tuvo la necesidad de retirarse. Estuvo dos años trabajando independiente, pero no era su fuerte, por lo que decidió volver a trabajar como docente. 

La madrina de su hija mayor es dueña de un colegio y le dio la oportunidad de hacer las prácticas universitarias en la “Institución Educativa Camilo Torres” y también le brindó la oportunidad para trabajar allí, dictando matemáticas, educación física, tecnología, y como coordinadora de disciplina. Después de seis años de estar con su familia camilista, tuvo que renunciar a mucho pesar.

Dios le envió una gran oportunidad… Ir a trabajar al colegio Mano Amiga de Zipaquirá, en el cual se desempeña actualmente como docente.

Por casualidades de la vida, una tía es promotora de salud y estaba visitando el sector de La Mariela, donde está ubicado el colegio. Allí vivía una familia que necesitaba que le colaboraran los servidores de la alcaldía, su tía entró y escuchó a la secretaria decir que necesitaban una docente para preescolar. Llevó la hoja de vida, y transcurrió un tiempo sin recibir respuesta, hasta que cierto día recibió una llamada para que fuera a entrevista con la directora.

Era un sector que nunca había frecuentado porque su lugar de residencia queda lejano al colegio.

Ese día se presentó y cuando le dijeron que era para jardín, volvió a sentir esa sensación de nervios, porque la mayor parte de su experiencia laboral era con niños de primaria y bachillerato, pero asumió el reto. Y cuando la directora le explicó el propósito y proyecto  social de la fundación, quedó flechada, porque era algo que siempre había querido hacer, aportar algo de sí misma a comunidades vulnerables, en las que los niños merecen la oportunidad de tener una buena formación y transformación en sus vidas.

Se integró al colegio el 2 de febrero de 2012 y desde ese momento se siente muy orgullosa de pertenecer a Mano Amiga, ya que le ha aportado mucho, a nivel personal, espiritual y transforma su vida día tras día, con grandes enseñanzas, valores y virtudes. 

Los niños de Mano Amiga son únicos, ya que poseen grandes riquezas espirituales, morales y éticas, que se fundamentan en el respeto, tolerancia y que, a pesar de sus grandes necesidades, son muy solidarios, no les importa entregar lo único que tienen, les importa suplir la necesidad de sus compañeros. Y esta labor de transformación que el colegio les brinda, no es solo a los estudiantes, sino también a sus familias y a toda la comunidad que la compone.

Adriana inició con nivel jardín y actualmente, esos estudiantes que inauguraron el colegio, están ahora en séptimo grado.

Son muchas las experiencias que ha vivido Adriana a lo largo de estos años de trabajo, pero lo más gratificante para ella, es verlos crecer, y saber que está aportando a su proceso de desarrollo como persona, que a futuro va a transformar nuestra sociedad.

Adriana es organizada, responsable, de trato amable y respetuoso, humilde y sencilla. En mis pocas visitas a Zipaquirá, tuve la oportunidad de observar algunas de sus clases, en las que mantiene un excelente control de grupo y absoluta cordialidad con sus alumnos. 

Gracias Adriana, por tu granito de arena para que Mano Amiga sea cada día un lugar mejor, por ser 🌟estrella que deja huella”, por tu responsabilidad y sencillez, por tu hermoso testimonio de vida, siendo ejemplo y modelo para tantos estudiantes que han pasado por tus aulas, gracias por dejar huellas imborrables en sus vidas y en las vidas de quienes hemos tenido el placer y el honor de trabajar contigo y de conocer tu desempeño y un poquito de tu gran corazón. ¡Qué Dios te bendiga! 💫


Ciudad de Panamá, 18 de junio de 2020.



Si deseas hacer un aporte a Mano Amiga Venezuela, puedes hacerlo a través de su página web: www.manoamigavenezuela.org, escribiendo un email a manoamigavenezuela@gmail.com o por los teléfonos +58 (212) 9850540 y +58 (212) 2581107 ¡Gracias! 💙 


Comentarios

  1. Hermosa la historia de la profesora Adriana. Saludos desde Mano Amiga Venezuela. Dios la bendiga

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